Siendo intencional con los de acá

Tengo amigos en varios países de latino américa. Dada la naturaleza del ministerio en el que sirvo, he podido conocer durante estos años a otros cristianos, unidos por la libertad que Dios nos ha dado y por poder servir juntos desde distintas latitudes.  A varios de ellos tengo la oportunidad de conocerles en persona, y de esa forma es que hay guatemaltecos, argentinos y hasta un chileno que en más de alguna ocasión han conocido mis momentos mas oscuros, muchos de mis grandes miedos, han compartido mis alegrías y conocen muchos de mis sueños.

¿Qué genial no? Hasta podría sonar jactancioso.

Sin embargo, en los últimos meses he estado aprendiendo sobre el valor de una comunidad: cercana, física, tangible; y con la gran oportunidad y protección que representa contar con compañeros de batalla cerca.  Estas son algunas de las cosas que he aprendido.

Contar con personas cerca confronta las máscaras que facilmente podría empezar a usar

En Internet es más fácil proyectar un “perfil”. De hecho, eso es lo que Facebook, Twitter, Instagram, y demás redes sociales ofrecen: un perfil. Es más fácil proyectarse como alguien “bíblico”, como alguien “sano”, publicando cosas motivadoras, o temas de “sana doctrina”. Pero es también demasiado fácil que ese personaje de las redes sociales se desligue del personaje que realmente existe en la vida real.

Después de años incluso (mal) acostumbrado a “rendir cuentas” por un correo, una video llamada o por chat, he empezado a aprender y valorar la provisión de Dios de poder rendir cuentas en persona, de ser corregido o animado en persona, o en el menor de los casos una llamada o una nota de voz, con alguien a quien si vea con más frecuencia y no una vez al año.

Contar con personas cerca hace más difícil ocultar mi verdadera condición. 

Entendí también que en mi proceso de restauración del pecado sexual, y para crecer, necesitaba también reconocer, respetar a mis líderes pastorales, a mis compañeros de responsabilidad,  y estar dispuesto a ser corregido y orientado por personas que me han visto enojado, triste, aislado, contento, motivado, desanimado, confundido. Además, un correo o un chat pueden editarse, escribirse bien, con eufemismos y verdades maquilladas de forma “políticamente correcta”, pero al hablar en persona, nuestro lenguaje corporal también nos delata si estamos queriendo ocultar algo.

Contar con personas cerca me ayuda a salir del aislamiento

Una de las tristes consecuencias de vivir con secretos, o con pecados recurrentes, es que nos aísla de los demás. Esto es aún mas real en el caso del pecado sexual, que de por sí también es un desorden de intimidad. Hace más dificil poder conectarse con otros GENUINAMENTE. Pero contar con personas cerca, compartir con un circulo de apoyo cercano, ya sea individual o en grupo, hace más fácil poder salir de esa condición de aislamiento.

Además, como cristianos somos parte de un cuerpo: el cuerpo de Cristo, y su manifestación más tangible es a través de la iglesia local y de los cristianos a quienes integramos en nuestros grupos cercanos. Parafraseando una canción de Francesca Batistelli, “cada vez que un amigo deja de hacer lo que está haciendo para dedicarnos tiempo, para dar un abrazo, para darnos palabras de aliento o confrontandonos con la verdad, está siendo las manos de Dios en mi vida”.

Antes de concluir, aclarar que no estoy diciendo que las amistades a la distancia sean malas, o que la consejería en linea no funcione. De hecho, esta última es de gran importancia en el ministerio en el cual sirvo, pero también estoy consciente que de alguna forma es “el punto de partida” para avanzar en la recuperación y libertad. Y si bien es cierto, toma un tiempo desarrollar relaciones significativas en persona, que requiere intencionalidad, y que seguramente nos equivocaremos en más de alguna ocasión, es una inversión que vale la pena.

Algunos versículos para cerrar:

“…Mejor es el vecino cerca que el hermano lejos.” (Prov 27:10)

El hierro se afila con el hierro, y el hombre en el trato con el hombre. (Prov 27:17)

 

 

Mientras la tierra permanezca…

Mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega,
el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán.

-Genésis 8:22 (LBLA)

A los humanos nos gusta medir el tiempo. Casi cada cultura que ha existido ha desarrollado su propia forma de hacerlo, su propia división y forma de contar los días. De esa forma, tanto chinos, como griegos, judíos, musulmanes, romanos, incas, aztecas, se basaron en los ciclos de la luna y del sol para llevar la cuenta de los años.  Astronómicamente hablando, un año nuestro es lo que aproximadamente tarda la tierra en completar un recorrido completo en su orbita alrededor del sol. (365 días 6 horas 9 minutos 9,76 segundos).

Incluso es que la fecha del inicio de cada año podría ser arbitraria. Nuestro calendario gregoriano en uso es el que inicia un 1 de enero. Los cambios de año son a menudo objeto de muchas supersticiones y rituales, promesas de cambio e incluso mucha sugestión y autoengaño de un futuro cercano en el que “las cosas van a mejorar, al fin me pasarán cosas buenas”. (Pero de eso hablaremos en otra publicación)

En el Salmo 65, el autor nos describe un cuadro hermoso: la toda naturaleza danzando al ritmo de lo ordenado por el Señor; las estaciones, las cosechas, los mares, las lluvias, los animales y los pueblos, el favor de Dios completando un ciclo más.  Y sin duda alguna, el salmista incluyó a propósito el cierre de un año en su descripción.

…Con grandes prodigios nos respondes en justiciaoh Dios de nuestra salvación, confianza de todos los términos de la tierra, y del más lejano mar; Tú, el que afirma los montes con su poder, ceñido de potencia; el que calma el rugido de los mares, el estruendo de las olas, y el tumulto de los pueblos.
Por eso los que moran en los confines de la tierra temen tus obras,
tú haces cantar de júbilo a la aurora y al ocasovisitas la tierra y la riegas en abundancia, en gran manera la enriqueces; el río de Dios rebosa de agua; tú les preparas su grano, porque así preparas la tierra.

Riegas sus surcos abundantemente, allanas sus camellones, la ablandas con lluvias, bendices sus renuevos. 

Tú has coronado el año con tus bienes ,y tus huellas destilan grosura…

Muchísimas cosas ocurrieron este año, y sin duda no todas fueron de nuestro agrado. Sin embargo, la naturaleza aún danza al ritmo de la sinfonía del Creador, y al terminar este año, podemos cambiar nuestro enfoque, agradecer a Aquel que nos responde en justicia en su perfecto tiempo, confiar en aquel que calma los rugidos del mar tempestuoso, festejar a Aquel que nos bendice con mas de lo que si quiera merecemos.

En ese mismo espíritu es que se vuelve más sorprendente aún, es el regalo del perdón y de la misericordia mostrado cada año, y es con ese que el salmista inicia su canción…

¡Oh tú, que escuchas la oración! Hasta ti viene todo hombre.  Las iniquidades prevalecen contra mí; mas nuestras transgresiones tú las perdonas. Cuán bienaventurado es el que tú escoges, y acercas a tipara que more en tus atrios. Seremos saciados con el bien de tu casa, tu santo templo

Mientras exista la tierra, los días y las noches continuarán, los ciclos de la naturaleza, las estaciones y las etapas de la cada año se repetirán, y algunas cosas seguramente también se saldrán de nuestro control, pero incluso ahí, tenemos la confianza que llega a todos los confines de la tierra y al mar mas lejano, de terminar un año con gratitud y empezar un nuevo de la mano del Dios que perdona nuestros pecados, que escucha nuestras oraciones, del Dios que nos ha escogido para sí, y nos ha atraído a su corazón y a su verdad.

Gracias a Dios por coronar el año con su misericordia, provisión y su gracia obrando en nosotros…